Capítulo cuarto: el imperio contraataca Agosto 3, 2007
Posted by Antonio in Informática, Internet, Tecnología.trackback
Aunque soy un enamorado del Software Libre desde hace años, no suelo evangelizar sobre el tema. Me gusta la filosofía que hay detrás de todo eso pero también soy consciente de que no necesariamente es la mejor opción, y que a veces hay necesidades que el Software Libre simplemente no cubre, o presentan alguna contrapartida suficientemente importante como para preferir otra opción.
El ejemplo más claro de lo anterior lo tengo en los programas de ofimática: para mi uso personal prefiero OpenOffice, lo he instalado en el ordenador de algún conocido que me utilizó como técnico/asesor, y si me preguntan mi opinión lo recomendaré antes que Microsoft Office (y soy consciente que hay muchas más alternativas en este campo, aparentemente tan limitado, pero no las he probado todas). Sin embargo, cuando fui responsable de tomar ese tipo de decisiones en mi empresa vi rápidamente que el enfoque necesario era otro: en ese caso compensaba pagar la diferencia de precio y soportar las periódicas paranoias de MSOffice frente al “trauma” que representaría para el personal el tener que aprender a manejar un programa nuevo, y los problemas que aparecerían al cambiar los formatos de archivo documental. Si no llevas el suficiente tiempo metido en estos berenjenales, lo más probable es que creas que los formatos .doc y .xls (MS-Word y MS-Excel, respectivamente) se han usado toda la vida para la gestión documental, pero yo ya usaba estas cosas antes de que el mercado estuviera como está ahora, y recuerdo perfectamente los problemas que causaba el tener archivos documentales en diferentes formatos, que sólo se podían usar desde un programa específico (p.e., WordPerfect, WordStar o AmiPro), y ya ni te cuento las sorpresas que me he llevado al necesitar acceder a esos documentos ahora que esos programas ya no son compatibles con las plataformas actuales.
Las parrafadas anteriores no sirven sólo para hacerme el interesante, sino que pretenden sentar las bases para que puedas ver con algo de perspectiva la situación actual en un campo tan importante (aunque no te lo parezca) como es el de los formatos de archivo documentales. Vayamos por partes.
Como he contado antes, uno de los problemas en este campo es el de la interoperabilidad: aparentemente, cada programa ofimático utiliza su propio formato, que sólo en contadas ocasiones es accesible desde otro programa distinto, llevando al usuario a una situación de secuestro tecnológico: si quiere acceder a un documento que escribió hace diez años usando el programa x sólo puede hacerlo comprando la versión de ese programa compatible con su sistema actual, si es que existe. Para el usuario de a pie no parecerá un problema, pero ¿qué pasa con las empresas? Acceder a documentación antigua es el pan nuestro de cada día, al menos por donde yo he pasado, y eran empresas relativamente jóvenes. Imagínate lo que puede pasar en una empresa que dependa de este tipo de documentos desde hace dos o tres décadas, como una editorial, o peor aún, en la administración pública. Eso sí que debe ser un chiste.
La solución evidente a esto, como ya ha pasado en otros campos, es la estandarización: es necesario definir un formato de archivo documental que garantice la disponibilidad e interoperabilidad de toda esa documentación a largo plazo. Y esa solución no puede ser, como actualmente, un estándar de facto o limitada a un país concreto. Debe ser de alcance internacional. Y la entidad con capacidad para lograr esto, y que además es mundialmente reconocida es la ISO, como ya sabrás.
Entonces el camino parece claro: sólo hace falta que ISO apruebe uno de los formatos documentales como estándar internacional y todos contentos. Por ejemplo, que apruebe los formatos .doc y .xls de MS Office, que son los que usa el 90% del mundo civilizado.
No. Por varios motivos.
Uno es que, aunque desde las primeras versiones de esos programas, hace algo así como 12 (!) años, los documentos han sido .doc y .xls, «Documento de Microsoft Word» y «Documento de Microsoft Excel», internamente son, al menos, cuatro tipos de documentos diferentes, uno por cada versión principal del producto que ha salido al mercado, así que, hablando con un poco de rigor, no se puede hablar de formato .doc o .xls. En realidad esto no es importante, como se verá más abajo, pero vale como dato útil para saber por dónde van los tiros.
Otro es que, aunque a priori parezca la solución óptima (ya que es el formato mayoritario y la inmensa mayoría de la documentación de los últimos años ya los utiliza), es tropezar en la misma piedra: esos formatos pertenecen a una empresa privada, que mantiene sus especificaciones en secreto. Aceptar algo así como el formato de documentación de referencia para el futuro representa atarse a una determinada empresa, a lo que quieran hacer en el futuro y a lo que quieran cobrar por ello. Nótese que el problema no es el hecho de que una empresa quiera obtener beneficios de su inversión, es que esa empresa gozaría de una situación de monopolio sin precedentes a nivel internacional.
Otro es que ya hay un estándar ISO para esto, el ISO 26300 o OpenDocument, con extensión de archivo .odt para documentos de texto y .ods para hojas de cálculo, aprobado hace más o menos un año. Este es el formato nativo de OpenOffice, y logró su aprobación como estándar ISO, entre otras cosas, por no ser específico de esta suite, por ser una especificación abierta a todo el mundo para su estudio, implementación y corrección (no, no es perfecto. Pero los fallos que tiene se conocen sin ambigüedad y se pueden solucionar), y por ser el fruto de la cooperación de todas las entidades que se quisieron implicar en su definición.
Y ahora te preguntarás, suponiendo que hayas llegado hasta aquí
, ¿a qué viene toda esta parrafada si el problema ya está solucionado?
Pues viene a que no todo el mundo opina que esté solucionado. Con toda la argumentación anterior no se te habrá escapado que el gran perdedor en este juego se llama Microsoft, que pierde su posición dominante en este mercado (con las implicaciones que tiene para su modelo de negocio, pero eso ya se sale del tema. Baste decir que hay consecuencias extremadamente importantes), que se arriesga a perder una parte de un pastel que es en un 90% suyo sin discusión, y que no está acostumbrado a que las cosas se le escapen de las manos.
Así que este jugador ha decidido varias cosas. Una es que no va a dar soporte al formato OpenDocument en sus programas (aunque recientemente se han inventado un subterfugio en este aspecto), con lo que sus usuarios tendrán que buscarse la vida para acceder al tipo de archivo recomendado por ISO. Otra es que quieren que ISO apruebe su nuevo formato de archivo, OOXML. En sí eso presenta algunos inconvenientes de forma, el mayor de ellos el hecho de que habría dos formatos recomendados para lo mismo, lo que no parece que tenga sentido, pero allá ellos si quieren pasar por el proceso de aprobación. Luego cada cual hará lo que quiera, y todos seremos felices.
Otra vez, no.
Olvidándonos de la conveniencia o no de la duplicidad de estándares, resulta (y aquí viene el motivo último de este post) que se han lanzado al proceso de aprobación a toda costa, pretendiendo descaradamente que se apruebe un formato que sólo conocen ellos, sujeto a sus patentes, y atado a los caprichos y errores de diseño que vienen arrastrando desde esa primera versión de hace doce años. Para colmo, todavía no existe ningún programa en el mercado capaz de manejarlo, ya que su recientemente comercializada versión de Office 2007 en realidad usa una versión ligeramente (en apariencia) distinta del formato que han presentado a estudio. Por si esto no fuera suficiente motivo para rechazar su petición, resulta que están sacando toda la artillería mediática, subterfugios, mentiras y abusos de los que suelen hacer gala en algunas ocasiones, y durante el proceso de estudio se han permitido joyas como la de superpoblar los comités consultivos nacionales con consejeros afines a sus intereses (caso de Italia, que pasó de 5 a 83 miembros justo a tiempo para iniciar este proceso), negar la entrada a posibles adversarios (caso de Portugal), falsificar informes de miembros (caso de España), y un bonito etcétera, aparte de las maniobras en la oscuridad que se suponen habituales cuando hay tanta pasta de por medio.
Y como me molesta lo indecible ese tipo de manejos en entidades y asuntos que deberían ser modelo de respetabilidad, rigor y transparencia, he decidido poner mi granito de arena para darle publicidad a esto, y decirle al mundo en general: desde hoy, y por lo que a mi respecta, el formato de archivo
tiene validez plena y universal. No volveré a preguntar a nadie si lo acepta o no. En caso de que el receptor se niegue o le sea imposible instalar un programa que le permita manejarlo, como mucho le enviaré copia en PDF (otro estándar ISO) o texto plano, pero me niego a volver a utilizar los formatos de Microsoft para mi uso personal. En lo laboral me temo que tendré que plegarme a las decisiones de otros pero mi recomendación, cuando me la pidan, irá por los mismos derroteros.
Y que a gusto me he quedaooo…
Comentarios»
No comments yet — be the first.